PUNTO DE PARTIDA: Plaza de Carabanchel.
PUNTO DE LLEGADA: Plaza de la Emperatriz.
DURACION: Dos horas y media.
Podemos seguir avanzando hacia el oeste y, si subimos en altura llegar al cruce con la calle de Ntra. Sra. de Fátima, en el que existía una importante fuente: La Fuente de Agua Gorda o Fuente de la Mina, la cual poseía una pequeña explanada encima de su boca sobre la que correteaban entonces los muchachos.
Al subir por la cuesta que lleva al cementerio, iremos divisando, cada vez más próximo a nosotros, un triángulo irrepetible con vértices peculiares: La Cárcel, el Hospital Militar y la Torre del Cementerio; no obstante, si, antes de penetrar en el Campo Santo, volvemos la vista hacia atrás, comprobaremos con sorpresa el desnivel superado. Tras pasar por debajo del artesonado de la Capilla de Sta. Mª de la Antigua se abre ante nuestra vista la tupida alfombra de lápidas entre las que podemos destacar las de el General Muñoz Grandes, la de un Ex-Alcalde del Ayuntamiento de Carabanchel así como las correspondientes a las hermanas de la Caridad, las que conforman el Panteón dedicado a los Sacerdotes y a los alumnos del colegio de Sta. Rita, aunque, también, es merecedora de atención especial la amplia colección de lápidas extendidas a ras de tierra correspondientes a militares de la aviación muertos todos en accidente, en particular, la del primer aviador caído en accidente aéreo según pueden leerse en sus inscripciones.
Al salir del Cementerio, conviene rodear la casa de los marmolistas, que allí trabajan, así como atravesar el campo de fútbol de manera que podamos llegar hasta el pequeño estanque, rodeado hoy día de una minúscula colección, de los veinte mil especímenes arbóreos que en estos terrenos antes había. Tras llegar a este punto, merece la pena reposar unos minutos y recordar cómo era esta espléndida finca en los tiempos en que vivía la Condesa Eugenia de Montijo, para lo que es aconsejable leer la descripción que Madoz hace de esta finca en su Diccionario Geográfico.
Una vez efectuado un somero refrigerio en cualquiera de los numerosos bares o cafeterías que en los soportales y esquinas nos abren sus puertas y, una vez repuestas las fuerzas, se aconseja penetrar, por alguno de los túneles que la urbanización tuvo a bien construir en los patios que existen dentro de ella, atravesarlos y salir por el extremo opuesto hasta dar con la verja metálica del Colegio que fue dirigido por las Hermanas Oblatas, cuya misión principal, según consta en el reglamento de su orden, es y ha sido la de atender a las jóvenes descarriadas. Si bordeamos la verja hasta el final de la misma, no tardaremos en salir a la calle de Eugenia de Montijo, desde donde se puede echar un vistazo a lo lejos para ver, calle abajo, en primer lugar, los restos de la espléndida Colonia de la Prensa, el robusto edificio de Sta. Rita y el extremo superior de la Torre de la Iglesia de San Sebastián.
Acto seguido, debemos continuar nuestro paseo, pero esta vez rumbo hacia el sur por la calle arriba para llegar al cruce con la avenida de los Poblados en donde se conserva una placa de baldosines sobre la fachada del Colegio de las Escolapias con la que, tal vez, se intentara marcar el límite de lo que era Carabanchel de Arriba. Enfrente, en la otra esquina, podemos hacer un alto en la recientemente reconstruida plaza del Parterre y contemplar el minúsculo Madroño que aquí existe, después, encaminarnos hacia la plaza de la Emperatriz mientras contemplamos, en la misma acera de la izquierda y sucesivamente durante el recorrido, una vieja y ruinosa fachada, otra de fondo rojo estrecha y curiosamente adornada de manera elegante, la joven Casa de la Cultura "García Lorca" y la parte reformada de la Iglesia de San Pedro. Ya, en la plaza de la Emperatriz, situada sobre un pronunciado desnivel, se puede contemplar una coqueta fachada de ladrillo rojo, la cual se encuentra junto a la vieja y prestigiosa panadería. Desde allí, puede verse, hacia el oeste, el Palacio de Godoy, regentado en la actualidad por Marianistas y muy bien conservado, más al sur, encontrar las cocheras de la E.M.T. y el Cuartel militar que abre el camino y la vista al campo abierto que conecta al fondo con Leganés y Fuenlabrada, y, por último, al este, descubrir el Ambulatoria de Aguacate y el inmenso Cementerio de Carabanchel.
Antes de terminar este primer trayecto es imprescindible rodear la Iglesia para contemplar, además de la resplandeciente Torre, que todavía se conserva, la entrada de una de las fincas, que, con el letrero de Finca de San Miguel, nos recuerda el cercano pasado de este lugar, así como para deambular por alguna de las callejas entrañables que nos salen al encuentro en esta zona.
El paseante, si aún conserva tiempo y ganas puede encaminar sus paseos hacia las cocheras de la E.M.T., dirección que se recomienda porque, después de atenta observación, podrá recibir el impacto gratificante del campo abierto y de la imagen lejana de otra urbe también demasiado contaminada como es Leganés (a pesar de la M-40).
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