Carabanchel andando

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4º PASEO [parte I]

PUNTO DE PARTIDA: hospital Militar Gomez Hulla.
PUNTO DE LLEGADA: Puente de Toledo.
DURACION: Dos horas y treinta minutos.

El presente paseo vamos a realizarlo, en su primera parte, por fuera de lo que hoy es, administrativamente, Carabanchel, pues en la actualidad, la Vía Carpetana, antes denominada Avenida de las Ánimas, es la línea de separación de dos distritos diferentes de tal suerte que las casas de una acera pertenecen a uno: Carabanchel, y las de la acera opuesta, a otro: Latina.

El paseo lo vamos a iniciar en la Plaza del Hospital Militar justo en el pequeño descampado situado enfrente de su puerta, en el solar en el que antes existía el Cine Sanz (más conocido por "El Palacio de las Pipas"). Un poco más allá, vemos la calle de Muñoz Grandes por la que pasaba antiguamente Puerta de la verja del antiguo Hospital Militar (vista desde dentro) el tranvía que iba desde General Ricardos hasta el Hospital con este único trayecto de ida y vuelta. El nombre de la calle hace honor al propio general, el cual se encuentra enterrado no muy lejos de este sitio, al lado de la Torre mudéjar del Cementerio de Carabanchel, cuya familia tuvo una casa por esta zona en la que pasó una temporada recuperándose de las heridas recibidas en el campo de batalla y asistiendo casi diariamente a sesiones de rehabilitación en dicho Hospital.

Desde donde nos encontramos podemos encaminar nuestros pasos en dirección paralela a la tapia que bordea el edificio del hospital viejo el cual fue construído, a raiz del incendio del Hospital existente en la calle de la Princesa, cuando el Ayuntamiento de Carabanchel cedió estos terrenos para su edificación. En la actualidad, a través de la verja metálica situada en la calle Petirrojo, podemos ver el enorme edificio que constituye las dependencias sanitarias de reciente construcción el cual puede contemplarse desde muchos otros puntos de Madrid. Al final de esta verja, vamos a encontrarnos con el recientemente construido parque del Cerro Almodóvar asentado donde, de manera habitual, antes se encontraban escombros, basuras y ratas en cantidades ingentes que fueron exterminadas gracias a las protestas y manifestaciones de los vecinos en las que no faltaron, tampoco, algún que otro bote de humo ni algunos detenidos. Al llegar al punto más alto del cerro, si el día está claro y despejado, se puede contemplar, a lo lejos, la Torre de la Telefónica y los edificios de la Plaza de España; a la izquierda, el barrio de Aluche, amasijo de bloques Entrada de consultas del antiguo hospital que han hecho olvidar, en pocos años, los campos que aquí existían y, más allá, el Cerro de la Mica y el Barrio de Lucero Batán.

No debemos dejar pasar por alto, en ningún caso, durante todo el recorrido que va desde el Hospital Militar hasta el Cementerio, las distintas especies arbóreas que nos van saliendo al paso.

Si atravesamos de forma diagonal el Parque en dirección este, vamos a encontrar una curiosa Colonia que rodean las calles de Marcelino Castillo y Camino de la Laguna en cuyas plazas interiores y subterráneas es interesante adentrarse. Al crucar la calle Camino de la Laguna entramos en otra Colonia distinta cuyas casas presentar una fisonomía completamente diferente en la que destaca su curioso patio interior. La aparición de la Avenida de Nª Sª de Valvenera indica el límite de esta segunda Colonia.

Una vez bordeado el Colegio Público allí existente, vamos a encontrar una tercera Colonia de viviendas, cuyas fachadas encaladas de límpio color blanco van decoradas con peculiar escalera, aquellas de varias plantas, y con macetas y ramas que pretenden escaparse de los patios, las que son de planta baja.

Atravesamos varias calles con el fin de llegar a la Plaza de Alcaraván ya que allí se aconseja una pequeña parada para contemplar la Iglesia de la Ascensión y el Colegio regentado por las Hermanas de la Caridad, adosado a ella, que fue el lugar en el cual durante los tiempos difíciles del final de la Dictadura, se intentó mantener clara una voz de justicia así como una labor continua de alfabetización. Sin cruzar la calle, dentro aún del territorio correspondiente al Distrito de Latina, descendiendo de forma continua en dirección al río podemos seguir contemplando la estructura de estas pequeñas viviendas que, en la propaganda de venta, se anunciaban como espléndidas moradas cuya calidad diaria e interior ha resultado ser mucho más modesta. También podemos seguir contemplando los árboles que se resisten a la contaminación y que, rigurosamente, van ofreciéndonos sus hojas, sus flores y sus frutos en las épocas apropiadas.

Un poco más abajo, a la altura de la calle Mochuelo existe en la actualidad un semáforo que, como tantas otras cosas, le cuesta su dinero al contribuyente, así como le costó en su día su ausencia, pues, cuando no había sido aún colocado, se producían muchos accidentes alguno de los cuales resultó ser luctuoso, motivo por el que las protestas de los vecinos se produjeron con vistas a que no fuera necesario tener que jugarse la vida a la hora de pasar de una acera a la otra en este punto. Al llegar a la calle Ariza las tapias y los voladizos del Canódromo, que fue bendecido e inaugurado en el año 1961, en el cual, diariamente , corre un puñado de galgos, detrás de una falsa liebre, antes de ser atrapados por los fatigados empleados, mientras los apostantes corren veloces a las taquillas desde las gradas en busca de un posible boleto acertante. Es posible que este lugar no sea el peor ni la hora la más desacertada para hacer una visita a alguno de los bares que en la zona existen con objeto de tomar unos mejillones rellenos o un poco de empanada regada con unas tazas de vino de Riveiro y otro reconstituyente similar.

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