|
Escrito 1.
Aburrirse es malo,
muy malo.
Personalmente,
creo que el proceso de aburrimiento al que nos vemos sometidos
diariamente gran cantidad de personas se debe a una neurona
cerebral, la cual
está relacionada con el incesante deseo de experimentar
y aprender cosas nuevas
que posee todo ser humano por naturaleza. Dicha neurona actúa
directamente
sobre el aparato locomotor humano, haciéndolo reaccionar
de forma que la
experimentación de nuevas situaciones, emociones y
similares sean posibles.
Todo este proceso
lo podríamos clasificar como una maravilla de la naturaleza,
puesto que es un sistema que induce de forma incesante y refleja
a la
aportación de sabiduría al ser humano. Pero
existen determinados miembros de
esta clase de seres a los cuales dicho sistema les resulta
deficiente,
provocándoles además graves destrozos mentales
y conductas esquizofrénicas.
Esto ocurre cuando el proceso se realiza en un determinado
ser cuyos recursos
de innovación son excesivamente limitados o en caso
contrario; demasiado
amplios.
En el primer caso
el humano intenta actuar de forma diferente para descubrir
nuevos conocimientos, pero la capacidad de estas personas
para realizar esta
tarea es tan poco eficiente, que la neurona que provoca todo
este proceso, en
un intento desesperado de realizar su función, actúa
sobre las demás neuronas
del individuo de forma arbitraria y sin lógica alguna,
cosa que acaba por
influir en el cerebro de forma drástica provocando
perdidas del conocimiento
del yo personal.
En el caso de
que los recursos de innovación del ser sean demasiado
amplios, la
neurona realiza su función correctamente, pero ésta,
desconoce dicha cualidad
del humano y por tanto, no es capaz de regular su actividad
según sea
necesario, situación que provoca una gran acumulación
de acciones por parte del
individuo que, al ser realizadas de forma excesiva, hacen
que el cerebro no sea
capaz de coordinar todos los movimientos que se producen,
y esto conlleva una
perdida de coordinación de los actos, llegando a producirse
conductas que aún
no han sido catalogadas.
Andrés
Lorenzo Aparicio
www.gratisweb.com/granrallada/pasillo.htm
Escrito 2
Cuando los demás
están en mí.
Veo un ojo. Me mira con ira. Entonces explota en mil pedazos.
Todo está
lleno de los restos de este ojo, y también de sangre.
La sangre es de
un rojo oscuro, y mancha aquellas paredes negras.
De repente me
veo a mí. Camino sin moverme de sitio. Cada vez veo
mi imagen más
cerca. Al contemplar mi rostro, observo que mis cavidades
oculares están
vacías, y su interior es muy oscuro.
Veo una boca.
Me habla pero no puedo entender lo que me dice. Por su tono
de
voz parece que quien la posee está enfadado. Entonces
explota en mil pedazos.
Todo está
lleno de los restos de esta boca, y también de sangre.
La sangre es
de un rojo oscuro, y mancha aquellas paredes negras.
De repente me
veo a mi. Camino sin moverme de sitio. Cada vez veo mi imagen
más
cerca. Al contemplar mi rostro, observo que donde debería
estar mi boca, esta
tapiado por carne y piel.
Veo unas orejas.
Tienen un pabellón muy extenso. Parece que quieran
escuchar
algo. Entonces explotan en mil pedazos.
Todo está
lleno de los restos de estas orejas, y también de sangre.
La sangre
es de un rojo oscuro, y mancha aquellas paredes negras.
De repente me
veo a mi. Camino sin moverme de sitio. Cada vez veo mi imagen
más
cerca. Al contemplar mi rostro, observo que no tengo orejas,
cabello substituye
su lugar.
Esta imagen mía,
faltada de ojos, boca y orejas, se dirige hacia mí.
Lo hace de
manera lenta. Parece como si tuviésemos dos campos
magnéticos iguales que nos
repelen mutuamente.
Cuando casi se
encuentra justo delante mío, vuelve hacia atrás
de forma brusca
a causa de este magnetismo aparente. Antes de desaparecer
de mi vista explota
en mil pedazos. La sangre de un rojo oscuro mancha toda mi
cara.
Andrés Lorenzo Aparicio
www.gratisweb.com/granrallada/pasillo.htm
Escrito 3
Volencia.
Su respuesta me
impactó. Una sensación de rabia invadía
mi cuerpo, hasta que
llegó el momento en que no pude contener mi ira, y,
de forma inconsciente, me
abalancé sobre él mordiéndole su ojo
derecho, hurgando con la lengua en su
cavidad ocular hasta extraerle el ojo para luego aplastarlo
con mis muelas, y a
continuación repetí con el izquierdo.
Después
de esto tuve una sorpresa grata: aún no había
muerto, aunque se
encontraba en un profundo estado de shock. De este modo podía
hacerle agonizar
aún más antes de descansar en muerte.
La sangre que
surgía de sus cavidades oculares me llegó a
salpicar en la cara,
fue un momento de satisfacción plena, aunque más
tarde me molestó al saber que
había manchado esas cortinas que tanto me gustan. Odio
tener que lavarlas, me
resulta muy incómodo el desmontarlas.
Su acelerada y
profunda respiración me ponía nervioso, así
que decidí acabar
con él, además, ya empezaba a aburrirme.
Le metí
mi puño completamente cerrado en la boca, y poco a
poco se lo
introducía por su garganta. Desafortunadamente el tamaño
de mi puño era
demasiado grande como para introducirlo en el conducto de
los pulmones o bien
en el estómago. Aunque para entonces ya no respiraba.
Al extraer mi
brazo de su interior contemplé su imagen: me fascinó.
Era
realmente curioso, divertido, tan diferente de los demás...
aunque sólo le
carecían los ojos! Tal obra no era digna de permanecer
enterrada o mutilada en
bolsas de basura.
Mediante una cuerda
de persiana lo até al pasamano de la escalera boca
arriba,
por el cuello y por las piernas. Era ideal ya que siempre
me costaba subir el
ultimo escalón, ese que es desigual a los demás,
y con él en el pasamano podía
coger impulso agarrándome a su mandíbula, aunque
a los tres días se rompió, y
tuve que conformarme con su función decorativa.
Sinceramente no
se porqué disgustó tanto a los vecinos, le daba
un aire
diferente a esa monótona escalera... seguramente les
afectó la envidia.
Andrés
Lorenzo Aparicio
|