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3 relatos. Andrés Lorenzo Aparicio webcom@buzon.as


Escrito 1.

Aburrirse es malo, muy malo.

Personalmente, creo que el proceso de aburrimiento al que nos vemos sometidos
diariamente gran cantidad de personas se debe a una neurona cerebral, la cual
está relacionada con el incesante deseo de experimentar y aprender cosas nuevas
que posee todo ser humano por naturaleza. Dicha neurona actúa directamente
sobre el aparato locomotor humano, haciéndolo reaccionar de forma que la
experimentación de nuevas situaciones, emociones y similares sean posibles.

Todo este proceso lo podríamos clasificar como una maravilla de la naturaleza,
puesto que es un sistema que induce de forma incesante y refleja a la
aportación de sabiduría al ser humano. Pero existen determinados miembros de
esta clase de seres a los cuales dicho sistema les resulta deficiente,
provocándoles además graves destrozos mentales y conductas esquizofrénicas.
Esto ocurre cuando el proceso se realiza en un determinado ser cuyos recursos
de innovación son excesivamente limitados o en caso contrario; demasiado
amplios.

En el primer caso el humano intenta actuar de forma diferente para descubrir
nuevos conocimientos, pero la capacidad de estas personas para realizar esta
tarea es tan poco eficiente, que la neurona que provoca todo este proceso, en
un intento desesperado de realizar su función, actúa sobre las demás neuronas
del individuo de forma arbitraria y sin lógica alguna, cosa que acaba por
influir en el cerebro de forma drástica provocando perdidas del conocimiento
del yo personal.

En el caso de que los recursos de innovación del ser sean demasiado amplios, la
neurona realiza su función correctamente, pero ésta, desconoce dicha cualidad
del humano y por tanto, no es capaz de regular su actividad según sea
necesario, situación que provoca una gran acumulación de acciones por parte del
individuo que, al ser realizadas de forma excesiva, hacen que el cerebro no sea
capaz de coordinar todos los movimientos que se producen, y esto conlleva una
perdida de coordinación de los actos, llegando a producirse conductas que aún
no han sido catalogadas.

Andrés Lorenzo Aparicio

www.gratisweb.com/granrallada/pasillo.htm

Escrito 2

Cuando los demás están en mí.


Veo un ojo. Me mira con ira. Entonces explota en mil pedazos.

Todo está lleno de los restos de este ojo, y también de sangre. La sangre es de
un rojo oscuro, y mancha aquellas paredes negras.

De repente me veo a mí. Camino sin moverme de sitio. Cada vez veo mi imagen más
cerca. Al contemplar mi rostro, observo que mis cavidades oculares están
vacías, y su interior es muy oscuro.

Veo una boca. Me habla pero no puedo entender lo que me dice. Por su tono de
voz parece que quien la posee está enfadado. Entonces explota en mil pedazos.

Todo está lleno de los restos de esta boca, y también de sangre. La sangre es
de un rojo oscuro, y mancha aquellas paredes negras.

De repente me veo a mi. Camino sin moverme de sitio. Cada vez veo mi imagen más
cerca. Al contemplar mi rostro, observo que donde debería estar mi boca, esta
tapiado por carne y piel.

Veo unas orejas. Tienen un pabellón muy extenso. Parece que quieran escuchar
algo. Entonces explotan en mil pedazos.

Todo está lleno de los restos de estas orejas, y también de sangre. La sangre
es de un rojo oscuro, y mancha aquellas paredes negras.

De repente me veo a mi. Camino sin moverme de sitio. Cada vez veo mi imagen más
cerca. Al contemplar mi rostro, observo que no tengo orejas, cabello substituye
su lugar.

Esta imagen mía, faltada de ojos, boca y orejas, se dirige hacia mí. Lo hace de
manera lenta. Parece como si tuviésemos dos campos magnéticos iguales que nos
repelen mutuamente.

Cuando casi se encuentra justo delante mío, vuelve hacia atrás de forma brusca
a causa de este magnetismo aparente. Antes de desaparecer de mi vista explota
en mil pedazos. La sangre de un rojo oscuro mancha toda mi cara.


Andrés Lorenzo Aparicio
www.gratisweb.com/granrallada/pasillo.htm

Escrito 3

Volencia.

Su respuesta me impactó. Una sensación de rabia invadía mi cuerpo, hasta que
llegó el momento en que no pude contener mi ira, y, de forma inconsciente, me
abalancé sobre él mordiéndole su ojo derecho, hurgando con la lengua en su
cavidad ocular hasta extraerle el ojo para luego aplastarlo con mis muelas, y a
continuación repetí con el izquierdo.

Después de esto tuve una sorpresa grata: aún no había muerto, aunque se
encontraba en un profundo estado de shock. De este modo podía hacerle agonizar
aún más antes de descansar en muerte.

La sangre que surgía de sus cavidades oculares me llegó a salpicar en la cara,
fue un momento de satisfacción plena, aunque más tarde me molestó al saber que
había manchado esas cortinas que tanto me gustan. Odio tener que lavarlas, me
resulta muy incómodo el desmontarlas.

Su acelerada y profunda respiración me ponía nervioso, así que decidí acabar
con él, además, ya empezaba a aburrirme.

Le metí mi puño completamente cerrado en la boca, y poco a poco se lo
introducía por su garganta. Desafortunadamente el tamaño de mi puño era
demasiado grande como para introducirlo en el conducto de los pulmones o bien
en el estómago. Aunque para entonces ya no respiraba.

Al extraer mi brazo de su interior contemplé su imagen: me fascinó. Era
realmente curioso, divertido, tan diferente de los demás... aunque sólo le
carecían los ojos! Tal obra no era digna de permanecer enterrada o mutilada en
bolsas de basura.

Mediante una cuerda de persiana lo até al pasamano de la escalera boca arriba,
por el cuello y por las piernas. Era ideal ya que siempre me costaba subir el
ultimo escalón, ese que es desigual a los demás, y con él en el pasamano podía
coger impulso agarrándome a su mandíbula, aunque a los tres días se rompió, y
tuve que conformarme con su función decorativa.

Sinceramente no se porqué disgustó tanto a los vecinos, le daba un aire
diferente a esa monótona escalera... seguramente les afectó la envidia.

Andrés Lorenzo Aparicio