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varios poemas

Pascual

pascual@menta.net

 varios poemas

  Eres faro de mis noches tormentosas,

vigía de mi camino tenebroso,

único manantial en mi estepa, lloras

porque me regalas tu yo más hermoso.

¡Gracias!

   Astros pelean por ti:

el sol te besó en la cara,

dos lunas verdes vencieron,

ahora eres luz con ojos de poeta,

yo soy tu poesía, versa con ella.

De piedras llenas el saco

que cargarás a tu espalda,

piedra afilada soy, sí.

   Sé que quererme puede doler,

princesa, enséñame a querer.

Nunca vuelvas a ser espejismo:

me acerco y te vas,

te toco y te esfumas.

   Cariño, me has golpeado en el alma,

dichoso dolor, bendita pasión.

Tú, camino de inercias encantadas,

persigo tu veta y anhelo el filón.

Quiero, para ti, ser yo,

mi mejor yo, que eres tú.

¡Te quiero!

I  

      Ya la noche ensombrece el triste día,  

   los aullidos de la noche me repelen, 

el silencio del dormido me ensordece

mientras mi soledad busca compañía.

  

Estoy parado pero mi alma corre, 

anhela refugio en una luz que no llega,

el farol no alumbra ; oscurece y mengua,

   hoy  hasta el ocaso me parece pobre.

Un día acompañado duerme a la noche, 

su ausencia diurna apuñala con sombras, 

ser mi único conocido corroe. 

 

    Escalofríos polares me acarician,  

la soledad reflexiva me acongoja, 

aguardaré entre espasmos el nuevo día.

 II    

 Risas risueñas en ríos bañados de rojo,

hombres odiaron donde ahora reís,

inertes cuerpos encontraron aquí,

 senil escenario de guerra es ahora gozo.

                                                                       

Nietos jubilosos juegan, sí, en paz,

futuros abuelos murieron en guerra  

dejando atrás un hijo y una promesa:

volver un día para enseñar a amar.

  

                      Los nietos sin abuelo odian toda guerra;                      

los vivos, ya ancianos, odian al guerrero;  

  las viudas todavía lloran la ausencia.          

El botín real de guerra no es tan bueno:

son muertes, venganzas y mares de pena.

Reíd pero nunca olvidéis tener miedo.

 La galera

La mano firme del destino

soltó la amarra que me unía

al puerto cálido, me quería.

Lanzada fui, presto a mi sino,

no intuyendo el fin del camino,

sino ignorando que es mi vida.

   Una inmensa fragata éramos

en inicio prometedor,

fruto de infantil inocencia.

Pero el tiempo, cierta prudencia,

más la flaqueza del tuétano,

hicieron fallar la misión

de aquellas barcazas más débiles

que sólo el recuerdo retiene.

Otras, de grandes pretensiones,

se avanzaron para sentir

que se acercaban ya a su fin:

el poder vivir sin presiones.

Y tanta fue su vanidad,

que jamás volvieron a mí,

yo que anhelo digno final,

para su secreto compartir.

   Soy galera conducida a la deriva,

marcada por esa ausencia de patrón,

sin un rumbo ni lugar donde atracar.

Persigo las corrientes que el mar me brinda,

resignada, cansada y sin ilusión,

soñando una nueva vida, otro mar.

   Vago llevada por suspiros del viento,

en viaje solitario, y algo cansino.

Ojalá pudiera gritar, escapar,

pero no puedo, me debo resignar.

Sólo puedo seguir buscando un motivo,

que me enseñe a navegar hacia buen puerto.

         


 Singular

   Singular es como te defino,

alejada de falsas ideas,

símbolo de inocencia innata.

Pícara tú eres, ojos de gata,

me someto a ti sin usar tretas,

por mantenerte yo me desvivo.

   Singulares son tus verdes lunas,

tímidas, decididas, preciosas,

reflejo de pasiones ocultas,

huidizas por timidez pura,

brillantes cuando el sentido goza,

oscuras cuando tu vida es duda.

   Singular es también tu belleza,

humilde como tú, espontánea,

sorprendente como es un oasis,

tan incomprensible como un casi,

de ternura y dolor miscelánea,

es capaz de calmar mi tormenta.

   Singular deriva tu interior,

indómito animal me resultas,

pues todo lo callas, nada dices.

Respeto me tienes, tiempo pides,

doy, si me quieres ya no es pregunta,

yo no dudo, te habla el corazón.

Armoniosa concepción de opuestos,

tú, singular y unitaria, única.

Alargas día a día mi vida,

quererte es hallar causas perdidas,

quererte es el subir a una duna

y observar la unidad del desierto.


Esa noche estaban todas las estrellas

aguardando impacientes tu presencia.

Con cielo estrellado eres aún más bella,

el brillo de tus ojos, igual al de ellas.

   Recuerdo la playa desierta, mimosa,

acogedora como madre añorada,

ondulante como la mar silenciosa

cuyas suaves olas lanzadas la abrazan.

   Sí, ahora recuerdo ese dulce mar,

tímido, que se acerca y después se va,

como horizonte infinito era a mis ojos,

confundido con la noche por su tono.

   El tiempo corría impasible a mi vera,

ajeno a mi sufrimiento, no llegabas.

Sentado en la arena recuerdo una lágrima,

la que vierte la vista mientras espera.

   Alcé la vista y vi,

a la hermana secreta del Sol,

blanca, llena, radiante.

   Baje la vista y vi,

a la hija divina del Sol,

blanca, bella, radiante.

   Recuerdo haberme alzado a tu encuentro,

tu cuerpo desnudo entre mis brazos,

primer beso honrador de tus labios,

                                              vagos desde aquí son mis recuerdos .

   Quizá ardiste en llamas de pasión,

quizá dos cuerpos bailando al son,

quizá te ofrecí beso infinito,

quizá te exploré en forma de rito,

quizá dos vientos levantaron brisas,

quizá nos amamos con caricias.

   Quizá sí pude entrar en tu amor,

quizá la noche nunca acabó,

quizá un cuerpo grabado en la arena,

quizá bebí de dulce colmena,

quizá exclamaste un dulce suspiro,

quizá encontré el correcto camino.

   Quizá fue verdad... sólo quizá,

quizá las estrellas lo sabrán.

   La contradicción define el devenir,

nuestro ser, cuna de batalla. Corazón

que se enfrenta a la disciplinada razón.

Mi mente choca con tu potente sentir.

   Puede frustrar comprobar la realidad.

Tanto tiempo esforzándome en conocer                                   

lo que mueve, mi pura necesidad,

para después, nada con claridad ver.

   Ahora me veo luchando sin saber:

seguir mi fe, perseguir tu placer.

Recuerdo aquel abrazo celeste,

y necesidad casi constante de verte.

   Me pediste perdón por un beso,

no te disculpes, sólo creó confusión,

por eso estoy escribiendo estos versos.

Intentando estoy, encontrar la solución.

   Buscando lo mismo, diferentes caminos,

felicidad se presenta digno objetivo.

Me pides amor, te ofrezco amar,

quizá algún día, alguno cederá.

III
Hay días que me siento, quizás, extraño,
miro a éste que escribe y no le conozco;
me siento abatido, apetece el lloro,
hoy, no sé por qué, todo parece malo.

Pasan las ideas sin orden ni decoro,
no se definen pero surcan mi mente,
las intento escribir... demasiado ingentes.
Sé que son tristes aunque son sólo esbozo.

Caigo envuelto en penas sobre triste cama,
me tumbo en la punta por no molestar.
Siento el vacío, sólo llena la lágrima.

Siento en el pecho que falta gravedad,
noto que algo falta, que algo llama.
Soledad que mata, triste cualidad.

 

IV

El cielo gris ha dado los buenos días,
sonriente, hipócrita. Me ha avisado
de que el hoy no iba a ser bueno, ha acertado.
No sé por qué, me han negado la alegría.

Hoy la vida solloza a mi alrededor,
aquí se ha acostado, sobre mis hombros,
sus gemidos me han convertido en escombros,
por negarme, me han negado hasta el amor.

Estabas muy fría, ¿por qué no?, polar,
tus dulces ojos, hoy, dos seres inertes,
tus palabras, ya no podías amar.

Vida, jugando conmigo te diviertes,
reconozco que has vencido en tu jugar,
sólo pido que de mi cuerpo desertes.

                         V

   Descansa, tímida, la tarde en mis hombros

mientras la noche se bate en su llegada.

La luna destila ya blanco en tus ojos

reforzando la perfección de tu cara.

   Se escucha al mar, lleno de envidia, de pena,

renegando por ser visto con nostalgia,

tal como tú lo miras, frágil sirena.

Se hace infinita la sensación de calma.

   Se baten en cortejo el viento y el sauce,

se tocan y se alejan: se desean;

tal pasión justifica del viento el viaje.

   Los sonidos de su amor susurros crean,

mensajes ocultos, dicen que te ame.

Cesa el viento, todo silencio: me besas.