varios
poemas
Eres faro
de mis noches tormentosas,
vigía de mi camino tenebroso,
único manantial en mi estepa, lloras
porque me regalas tu yo más hermoso.
¡Gracias!
Astros pelean
por ti:
el sol te besó en la cara,
dos lunas verdes vencieron,
ahora eres luz con ojos de
poeta,
yo soy tu poesía, versa con ella.
De piedras llenas el saco
que cargarás a tu espalda,
piedra afilada soy, sí.
Sé que quererme
puede doler,
princesa, enséñame a querer.
Nunca vuelvas a ser espejismo:
me acerco y te vas,
te toco y te esfumas.
Cariño, me
has golpeado en el alma,
dichoso dolor, bendita pasión.
Tú, camino de inercias encantadas,
persigo tu veta y anhelo el filón.
Quiero, para ti, ser yo,
mi mejor yo, que eres tú.
¡Te quiero!
I
Ya la noche ensombrece el triste día,
los aullidos de la noche me repelen,
el silencio del dormido me ensordece
mientras
mi soledad busca compañía.
Estoy
parado pero mi alma corre,
anhela
refugio en una luz que no llega,
el
farol no alumbra ; oscurece y mengua,
hoy hasta
el ocaso me parece pobre.
Un
día acompañado duerme a la noche,
su
ausencia diurna apuñala con sombras,
ser mi único conocido corroe.
Escalofríos polares me acarician,
la
soledad reflexiva me acongoja,
aguardaré
entre espasmos el nuevo día.
II
Risas risueñas en ríos bañados de rojo,
hombres
odiaron donde ahora reís,
inertes
cuerpos encontraron aquí,
senil escenario de guerra es ahora gozo.
Nietos
jubilosos juegan, sí, en paz,
futuros
abuelos murieron en guerra
dejando
atrás un hijo y una promesa:
volver
un día para enseñar a amar.
Los nietos sin abuelo odian toda guerra;
los
vivos, ya ancianos, odian al guerrero;
las viudas todavía lloran la ausencia.
El
botín real de guerra no es tan bueno:
son
muertes, venganzas y mares de pena.
Reíd
pero nunca olvidéis tener miedo.
La galera
La mano firme del destino
soltó la amarra que me unía
al puerto cálido, me quería.
Lanzada fui, presto a mi sino,
no intuyendo el fin del camino,
sino ignorando que es mi vida.
Una inmensa fragata éramos
en inicio prometedor,
fruto de infantil inocencia.
Pero el tiempo, cierta prudencia,
más la flaqueza del tuétano,
hicieron fallar la misión
de aquellas barcazas más débiles
que sólo el recuerdo retiene.
Otras, de grandes pretensiones,
se avanzaron para sentir
que se acercaban ya a su fin:
el poder vivir sin presiones.
Y tanta fue su vanidad,
que jamás volvieron a mí,
yo que anhelo digno final,
para su secreto compartir.
Soy galera
conducida a la deriva,
marcada por esa ausencia de patrón,
sin un rumbo ni lugar donde atracar.
Persigo las corrientes que el mar me brinda,
resignada, cansada y sin ilusión,
soñando una nueva vida, otro mar.
Vago llevada
por suspiros del viento,
en viaje solitario, y algo cansino.
Ojalá pudiera gritar, escapar,
pero no puedo, me debo resignar.
Sólo puedo seguir buscando un motivo,
que me enseñe a navegar hacia buen puerto.
Singular
Singular
es como te defino,
alejada de falsas ideas,
símbolo de inocencia innata.
Pícara tú eres, ojos de gata,
me someto a ti sin usar tretas,
por mantenerte yo me desvivo.
Singulares son tus verdes lunas,
tímidas, decididas, preciosas,
reflejo de pasiones ocultas,
huidizas por timidez pura,
brillantes cuando el sentido goza,
oscuras cuando tu vida es duda.
Singular
es también tu belleza,
humilde como tú, espontánea,
sorprendente como es un oasis,
tan incomprensible como un casi,
de ternura y dolor miscelánea,
es capaz de calmar mi tormenta.
Singular
deriva tu interior,
indómito animal me resultas,
pues todo lo callas, nada dices.
Respeto me tienes, tiempo pides,
doy, si me quieres ya no es pregunta,
yo no dudo, te habla el corazón.
Armoniosa concepción de opuestos,
tú, singular y unitaria, única.
Alargas día a día mi vida,
quererte es hallar causas perdidas,
quererte es el subir a una duna
y observar la unidad del desierto.
Esa noche estaban todas las
estrellas
aguardando impacientes tu presencia.
Con cielo estrellado eres aún más bella,
el brillo de tus ojos, igual al de ellas.
Recuerdo
la playa desierta, mimosa,
acogedora como madre añorada,
ondulante como la mar silenciosa
cuyas suaves olas lanzadas la abrazan.
Sí, ahora
recuerdo ese dulce mar,
tímido, que se acerca y después se va,
como horizonte infinito era a mis ojos,
confundido con la noche por su tono.
El tiempo
corría impasible a mi vera,
ajeno a mi sufrimiento, no llegabas.
Sentado en la arena recuerdo una lágrima,
la que vierte la vista mientras espera.
Alcé la vista
y vi,
a la hermana secreta del Sol,
blanca, llena, radiante.
Baje la vista
y vi,
a la hija divina del Sol,
blanca, bella, radiante.
Recuerdo
haberme alzado a tu encuentro,
tu cuerpo desnudo entre mis brazos,
primer beso honrador de tus labios,
vagos
desde aquí son mis recuerdos .
Quizá ardiste
en llamas de pasión,
quizá dos cuerpos bailando al son,
quizá te ofrecí beso infinito,
quizá te exploré en forma de rito,
quizá dos vientos levantaron brisas,
quizá nos amamos con caricias.
Quizá sí
pude entrar en tu amor,
quizá la noche nunca acabó,
quizá un cuerpo grabado en la arena,
quizá bebí de dulce colmena,
quizá exclamaste un dulce suspiro,
quizá encontré el correcto camino.
Quizá fue
verdad... sólo quizá,
quizá las estrellas lo sabrán.
La contradicción define el
devenir,
nuestro ser, cuna de batalla. Corazón
que se enfrenta a la disciplinada razón.
Mi mente choca con tu potente sentir.
Puede frustrar
comprobar la realidad.
Tanto tiempo esforzándome en conocer
lo que mueve, mi pura necesidad,
para después, nada con claridad ver.
Ahora me
veo luchando sin saber:
seguir mi fe, perseguir tu placer.
Recuerdo aquel abrazo celeste,
y necesidad casi constante de verte.
Me pediste
perdón por un beso,
no te disculpes, sólo creó confusión,
por eso estoy escribiendo estos versos.
Intentando estoy, encontrar la solución.
Buscando
lo mismo, diferentes caminos,
felicidad se presenta digno objetivo.
Me pides amor, te ofrezco amar,
quizá algún día, alguno cederá.
III
Hay días que me siento, quizás, extraño,
miro a éste que escribe y no le conozco;
me siento abatido, apetece el lloro,
hoy, no sé por qué, todo parece malo.
Pasan las ideas sin orden ni decoro,
no se definen pero surcan mi mente,
las intento escribir... demasiado ingentes.
Sé que son tristes aunque son sólo esbozo.
Caigo envuelto en penas sobre triste
cama,
me tumbo en la punta por no molestar.
Siento el vacío, sólo llena la lágrima.
Siento en el pecho que falta gravedad,
noto que algo falta, que algo llama.
Soledad que mata, triste cualidad.
IV
El cielo gris ha dado los buenos días,
sonriente, hipócrita. Me ha avisado
de que el hoy no iba a ser bueno, ha acertado.
No sé por qué, me han negado la alegría.
Hoy la vida solloza a mi alrededor,
aquí se ha acostado, sobre mis hombros,
sus gemidos me han convertido en escombros,
por negarme, me han negado hasta el amor.
Estabas muy fría, ¿por
qué no?, polar,
tus dulces ojos, hoy, dos seres inertes,
tus palabras, ya no podías amar.
Vida, jugando conmigo te diviertes,
reconozco que has vencido en tu jugar,
sólo pido que de mi cuerpo desertes.
V
Descansa, tímida, la tarde en mis hombros
mientras la noche se bate en su llegada.
La luna destila ya blanco en tus ojos
reforzando la perfección de tu cara.
Se escucha
al mar, lleno de envidia, de pena,
renegando por ser visto con nostalgia,
tal como tú lo miras, frágil sirena.
Se hace infinita la sensación de calma.
Se baten
en cortejo el viento y el sauce,
se tocan y se alejan: se desean;
tal pasión justifica del viento el viaje.
Los sonidos
de su amor susurros crean,
mensajes ocultos, dicen que te ame.
Cesa el viento, todo silencio: me besas.